miércoles, 9 de noviembre de 2011

Los veteranos

Ya sabéis que uno de los pilares de este país es su ejército, repartido por todos los continentes. Es realmente importante, se lo toman muy en serio, y lo respetan mucho. Os ponemos algunos ejemplos que hemos visto.

El primero, este viernes se celebra el Veterans Day. Es fiesta nacional y se conmemora a todos los veteranos de guerra, especialmente a los caídos por la patria.

Otro ejemplo: en el avión, les dejan pasar primero a los militares uniformados. No sabemos si es por honrarles, o porque, según dicen las malas lenguas, en momentos sensibles (atentados, guerras del Golfo,...) la gente se ponía en pie al entrar un militar y le aplaudían. Y, claro, ponte tú a decirles que no. Así que le meten primero al tío y así agilizan.

Existen eventos variopintos titulados nosequé "supporting our troops" (en apoyo de nuestras tropas). El último del que he sido testigo: ayer los niños en el colegio podían ir sin uniforme. Pero tenían que ir vestidos de rojo, azul o blanco (colores de la bandera) y pagaban algo (1 o 2 dólares). El dinero recaudado se envía a un programa de Apple llamado "iPads for soldiers". No voy a darles cera a los de Apple, que hoy el post intenta ser un poco respetuoso.



El himno americano es una poesía escrita en 1814 durante un bombardeo de los británicos a un fuerte americano. Y habla de resistir, de bombazos y guerras, de orgullo patriótico. Y, claro, un himno sobre hacer la guerra para tener libertad está muy relacionado con el ejército.

Así que, cuando en 1991, en plena I Guerra del Golfo, Whitney Houston lo cantó para honrar a las tropas en guerra por la libertad, los americanos se volvieron locos. La parafernalia era buena: banderas de los 50 Estados portadas por soldados de cada estado, la orquesta del ejército, la Whitney vestida con los colores de la bandera, avioncitos volando, máxima audiencia televisiva (era la final de la SuperBowl). Pero además, la tía clavó el himno. Hasta a mí se me ponen los pelos como escarpias cuando lo veo.



En fin, que el sentimiento patriótico y de apoyo a las tropas de esta gente es, a mi parecer, envidiable. Y es una de las cosas, junto a la bandera y el himno, que más cohesión les da. De todas formas, en todas las casas se cuecen habas, y también se dice que una vez que los veteranos regresan no se les hace ni caso. Aún no lo hemos comprobado.

P.D.: Mañana no publicaremos nada, nos vamos de viaje a Boston. Ya os contaremos algo si podemos este fin de semana.

martes, 8 de noviembre de 2011

Vendo humo

En estos últimos años parece que en España hemos copiado la moda de llamar a las cosas por otro nombre, y de paso subir un poco las tarifas. En eso son expertos en este país. EEUU es el país de la publicidad y de conseguir hacer lo mismo de siempre, pero pareciendo guay (y ganando más dinero, claro). Hoy os voy a poner un ejemplo que me ha impactado: el 1on1.

Esto del guanonguan, uno a uno, es algo más viejo que la tos, pero que estos últimos años no nos hemos cansado de ver por España. También se conoce como "coaching" o "personalización de necesidades". Vamos, el clásico profesor particular.

Pero en un país como éste, en el que todo tiene que ser espectacular, épico, o digno de ser incluido en la Historia Universal, tú no puedes decirle a la vecina de enfrente: "le he puesto un profesor particular a mi Manolito". Mola mucho más decir: "He contratado a un experto en educación que ha diseñado un plan personalizado para explotar al máximo las capacidades de mi Manolito". En el primer caso estás llamando tonto o vago a tu vástago. En el segundo, parece que mañana mismo la NASA va a llamar a tu puerta para contratarle.

Aprended, profesores particulares, de los genios del marketing. Os copio unas frases que he encontrado en un folleto de publicidad de profes particulares (lo he encontrado en el colegio, algo impensable en España). Aquí...

- Uno no da clases particulares. Aquí ofrece servicios individualizados cuyo objetivo son las necesidades específicas del estudiante.

- Uno no tiene experiencia dando clases particulares. Aquí tiene un amplio conocimiento de la educación en general y de los procedimientos de aprendizaje en particular.

- Uno no ayuda al alumno en lo que le cuesta. Aquí identifica las fortalezas y debilidades y entonces desarrolla un programa de aprendizaje específico que se ajusta a las necesidades de cada alumno en todas las áreas.

- Uno no cuenta al padre cómo ve al chaval. Aquí está en contacto permanente con los padres para mantenerles informados del progreso de su hijo y discutir los pasos necesarios para mantenerle en el camino adecuado hacia el éxito.

- Uno no busca ejercicios para reforzar. Aquí selecciona cuidadosamente los materiales de enseñanza y los adapta para asegurarse que se adecúa a los estilos específicos de aprendizaje del alumno.

Bueno, y así podríamos seguir con chorrazos como pianos toda la noche. ¡Eso en un tríptico!

Lo mejor de todo: para un americano las referencias son FUNDAMENTALES. Aquí el rollo de las cartas de recomendación está a la orden del día. Y si no hay cartas, por lo menos hay que incluir unos buenos testimonios, como el de la foto. No os preocupéis si no lo entendéis, sólo dice que son muy buenos. ¿Y por qué la foto molona? ¿Va a sonreír así mi niño si les contrato?



Hasta hoy ante folletos de este estilo pensaba: qué flipados los americanos. Cuán equivocado estaba. El destino me ha reventado en la jeta, y me ha demostrado que no hay nada mejor que venderse con palabrería barata para que un profesor particular, con una licenciatura, cobre sus clases particulares a... 50 dólares LA HORA (40 sin ser licenciado, y ni quiero imaginarme los precios de la gente del folleto).

Practicad vuestra palabrería. Bienvenidos a América, tierra de oportunidades.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Centro de formación de patriotas: la comida

Hola amiguitos. Hace tiempo os hablé de la comida de los adultos. Hoy os voy a hablar de lo que degluten los adultos del mañana.

Partimos de la base de que habéis visto muchas pelis americanas y sabéis cómo funciona el rollo este: hora de la comida, autoservicio, cuatro chumineces y tira p'alante. Pues hoy os voy a desvelar en qué consisten esas cuatro chumineces (al menos en mi cole y en todos los que me cuentan).

Plato principal para dos semanas: hamburguesa, macarrones, quesadilla de pollo, pollo con arroz, pizza (2 días), tacos, espagueti con albóndigas, nuggets de pollo y... nachos con salsa de pollo.

Veamos los acompañamientos, que nos ponen el puntito "healthy" al menú: patatas fritas, brócoli, frijoles, ensalada (¡wow!) y... maíz (sí, abres una lata y la echas en el plato).

Diréis... ¿y ya está? Ah, no, se me olvidaba... opción de fruta o de "Malk" con chocolate (se pagan aparte).



Yo creo que a los americanos de pequeños no les dieron la brasa con la pirámide alimenticia, porque me faltan muchos grupos. Lo que no conozco muy a fondo es la calidad. Algún día he probado la comida, y juro que es una mezcla entre McDonalds y comida mala de colegio, pero no tengo información suficiente como para hablar. Me remito a la sabiduría de los Simpsons, que tendrán esto más investigado: "Estas colchonetas tienen muy poca carne"



Si aún no os habéis hecho una idea, me permitiré agregar tres pequeños apuntes:

1) Todos los viernes hay un "Donut Sale". Una de las clases pone un chiringuito a la puerta del colegio, y venden donuts. Los proporciona una empresa (se los compras a $4,25 la docena, y los vendes al doble, compra mínima: 25 DOCENAS) muy popular, cuyos donuts, para qué engañarnos, están cojonudos. Se notan los viernes. Muchos chavales segun entran por el colegio se pimplan 2, 3 o... los 6 que se metió un día uno de 7º. En clase luego están tan tranquilitos con el subidón de azúcar.

2) Una recompensa habitual es una "pizza party". En vez de la comida de ese día, se llama al "telepi" para que traiga pizzas para toda la clase.

3) A la salida, en plena puerta del colegio, hay un chiringuito que vende algo de merendar, a saber: chocolatinas de todo tipo, batidos, vamos, cualquier cosa con mucho azúcar. Aún no he visto fruta por ahí.

En fin, en este país a los críos les preparan para un sabroso futuro repleto de pastillacas e insulina. Os dejo que tengo que terminarme las cookies antes de ir a la cama.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Nais

Así es como he vivido esta historia: llegas a América, y tooodo el mundo te sonríe, te pregunta qué tal te ha ido el día, sigue sonriendo, te atiende con una amabilidad exquisita y se despiden con una franca sonrisa deseándote un buen día. Y dices: qué moderno todo, qué amables, cómo acogen al extranjero, qué buena gente. Peero han pasado los días y ya no vivo en el país de la piruleta. Y lo peor, me he dado cuenta, como Hulk Hogan, de que era todo una mentira, GORDÍSIMA. Es pura fachada y entrenamiento.

Ser nice (Traducción: agradable, bueno, simpático, amable) supone afrontar el mundo con una sonrisa por delante. Al buen americano se le distingue por su cordialidad, por sus maneras refinadas y, sobre todo, por la sonrisa que tiene. Especialmente en las ocasiones complicadas, cuando la sonrisa está más que forzada, ahí uno nota los años de trabajo desde pequeños.

Ayer estuvimos en South Beach, en la noche en blanco. Fue interesante ver a un huevo de gente metida allí, todos llegando a la misma hora en coche (casi no hay transporte público), y todos intentando aparcar (imaginaos los atascos). Paseando por la calle nos encontramos un puesto interesante, y no pudimos evitar mi amigo Nacho y yo sacarnos esta foto con las cheerleaders de los Dolphins.



A lo que voy, fijaos en las sonrisas. A eso me refiero con ser nice. Las muchachas estaba hasta las tetas de sacarse fotos con memos como nosotros toda la noche. Pero su entrenamiento les permitía forzar la sonrisa una y otra vez (la morena debía ser nueva).

En mi colegio, flipa, los niños también están entrenados para forzar la sonrisa. Cuando pides voluntarios bien sentados (modo de aplacar también a las bestias), se ponen bien, cruzan las manitas y te sacan una sonrisa forzadísima. Algunos expertos hasta pestañean y ponen ojos de cordero. Qué cracks. Estoy convencido de que en casa practican, o les "ayudan", como la Pequeña Vicky a sus alumnas.



Pero no os penséis que ser nice se limita a una sonrisa. Va mucho más allá. Los buenos americanos son capaces de llamarte imbécil sin perder un ápice la sonrisa de su cara. Y te digan lo que te digan, siempre terminan con un "Have a nice day!", que al fin y al cabo es lo importante.

Un ejemplo. Un compañero de Marga que se volvía a España tenía que recoger un cheque en conserjería a nombre de su novia que ya estaba en España. Le conocían desde hacía muchísimo, pero cuando fue a recogerlo, le dijeron que no, que no era el procedimiento. Todo con sonrisas y muchos "have a nice day". El tío intentó convencerles de buenas maneras, y los otros con sonrisas pero que no. Hasta que en una de esas apareció otro inquilino y ellos le dejaron con la palabra en la boca.

Y para nuestro amigo se acabaron las apariencias. Les puso de vuelta y media por la falta de respeto. Y, claro, los americanos flipados, sin saber reaccionar, pensando que el tío estaba loquísimo. Tan nice que son ellos, que un tío te diga las cosas a gritos, como hacemos a veces los españoles, ... pues se quedaron como Lisa Simpson en el barrio ruso.



Al final, el colega convenció a los otros de que hay que ser un poquito más flexibles. Pero eso de la flexibilidad os lo contaremos otro día.

Have a nice day!

jueves, 3 de noviembre de 2011

Lemmings

Hoy hemos tenido una revelación. Un día que parecía destinado a la normalidad se ha revelado como uno de los mejores desde que estamos aquí. Hoy hemos descubierto que vivimos rodeados de... Lemmings.



Todo ha empezado cuando a Marga le han regalado dos entradas para la Premiere de Tower Heist, la nueva peli de Ben Stiller y Eddie Murphy. Un truño de primera, pero la peli era lo de menos. Lo que en general entendemos como americanada. Necesitamos que alguien nos confirme cuando llegue allí (que llegará) si la anuncian con el valor añadido de "¡Nº 1 en USA!". De verdad, estad pendientes. Añadiría fuerza a nuestra teoría.

Llegamos allí, bien. Nos sentamos, y ya vemos aparecer a gente, a mucha gente, con los aperitivos clásicos del Badulaque: Nachos cocidos en su propia grasa, hotdogs, palomitas dulces (suponíamos dulces porque eran las únicas que había y eran amarillas, esperemos que no por la grasa) y... un fresisuis azul plutónico bien espumoso (veneno de calidad, oiga). Menos mal que no compramos nada, quizá nos hubiéramos transformado en Lemmings también.

Antes de la peli, patrocinada por nuestros amigos de la radio, llega el locutor. Da la bienvenida a todos a voz en grito desde el patio de butacas (¿?). Respuesta del público: griterío, aplausos, silbidos, gente de pie... ni que fueran los Reyes Magos. Pero la locura empieza cuando enseña unas camisetas, y dice de manera molona, que alguien le tiene que decir 3 pelis de Eddie Murphy, que no sean secuelas para obtener una preciosa camiseta, tamaño muchas XL. El público enloquece entonces y levantan la mano. Lo mejor es que eran igualitos a mis niños: levantaban la mano, pero no sabían la respuesta. Han tenido que pasar como 5 ó 6 personas para acertar. Muy bueno también cuando decía: "Que se prepare la gente del fondo, que la siguiente va para vosotros". Y todos, ¡yo, yo, elígeme a mí! Brutal.

Pasa entonces al lanzamiento de camisetas. Años de Polis y Cacos han dado sus frutos. Siguiendo la vieja táctica de "arrugar" la fila de capturados para que no sepan cuán larga es... lo mismo he hecho con mis brazos, y cuando ha lanzado la camiseta, mis tentáculos han surcado los cielos para quitarle la camiseta a una señora cuando la tenía en los morros. ¡Toooma ya! (Ahí va el trofeo con pose yanqui cineástica)



Después del bochornoso espectáculo, no sabíamos si por parte del público o de los organizadores (oye, que se lo creían todos), comenzamos a ver la película. Y ahí llegó la mejor parte.

En los primeros compases, algunas risotadas por comentarios que no comprendíamos bien. Pero ya entrados en la peli comienzan las bromas malas, absurdas y evidentes. Al estilo de los lobatos en una velada: niños de 8 años cuyo número consiste en salir a escena y caerse al suelo, o pelearse y morirse todos. Graciosísimo como sabéis (ironía).

Continúa la peli y las chorradas son cada vez más básicas. Cada chuminez era aplaudida. Con cada chascarrillo se tronchaban. En los momentos más sorprendentes (previsibles desde 10 minutos antes) salían exclamaciones de asombro de sus bocas: oooh, aaah. En los momentos de mayor tensión se notaba cómo la gente contenía la respiración, y cuando todo salía bien (evidentemente) aplaudían y silbaban.

Volviendo a casa, entre risas, sorpresa e indignación, no hemos podido más que acordarnos, nuevamente, de Homer Simpson. De los duros momentos que vive cuando, tras volverse inteligente por quitarse un Crayon del cerebro, no encuentra graciosas las bromas del cine, y es expulsado por ser el único que no se ríe. No hemos encontrado el fragmento en Youtube, podéis buscarlo en megavideo y sus amigos: temporada 12 capítulo 9 "HOMR" (minuto 17:30). Os dejamos con otro capítulo, que también refleja bien lo que hoy hemos visto en el cine: (grititos y entusiasmo varios)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Quiero mi bocadillo

Hoy os vamos a hablar de algo que nos sorprendió, gratamente hemos de decirlo, en Philadelphia. El sábado por la mañana nos desayunamos un perrito en un clásico puesto callejero, mítico de las pelis. Y luego no encontramos más, nos dió mucha pena. Peero, el destino vino a nuestro encuentro, y el lunes nos trajo una grasienta a la par que apetitosa sorpresa. Por toda la ciudad habían surgido cientos de puestecillos rancios para resolver el problema del apetito de miles de oficinistas con prisa.

Los puestos estaban montados en miniremolques que traían sus dueños y preparaban a primera hora. Y cada dueño se especializaba en un tipo de comida: hamburguesas, comida turca, perritos, y hasta los había especializados en fruta y postres.

Pero la estrella del mogollón, sin lugar a dudas, era el Philly Cheesesteak. El susodicho bocata está compuesto por carnaza que hacían en la plancha en un momento, con cebolla, y... bueno, no sé. Ahí desmigolaban todo, le hacían un revuelto que para qué, y luego llegaban los quesos y las salsas. Cada cual más difícil de pronunciar que el anterior. En las guías te recomiendan que los pidas "Whiz wit"(el wit viene de with), algo así como con queso Whiz, que no supimos nunca qué era. Incluso decían que si lo pronunciabas mal se ofendían (eso decía la guía), había hasta uno que decía en el letrero de su tienda: "En América, habla americano".



Armados de valor nos acercamos a uno de estos puestos para hacernos con uno de estos manjares. Cuando uno se acerca piensa: ¿cómo narices les entra tanta fanfarria en un puestico tan ridículo? Pues tienen todo organizadito, fíjate. Lo vamos a usar como cocina para el próximo campamento. Ríete tú de Ikea.



Cuando por el ventanuco apareció un Amish renegado pensamos: mierda, a ver si nos entiende. Se parecía al de la foto, no os creáis.



Todo fue bien hasta que nos dice: "¿Menes?". ¿Mande? Joder, ¿qué es eso? Como nos vio cara de póker, sacó de su escondrijo un bote blanco... mayonesa. Del Mayones a menes... aquí hablan fatal, la madre del cordero. Yo creo que al cuáquero le dimos pena porque éramos los únicos turistas en un kilómetro a la redonda. Menos mal, porque si no, con el hambre que tenía hubiera sido capaz de liarle ésta:

martes, 1 de noviembre de 2011

Muchachada around the world. Hoy... Philadelphia



Uy! no. Muchachada around the world. Hoy... Philadelphia.



Ahora sí. Pero vamos, que a mí me hablas de Philadelphia y sigo pensando en el queso de untar...

Empecemos el capítulo de hoy. Como sabéis, estuvimos hace un par de findes allí y vimos varios topicazos por los que esta ciudad es conocida, aparte de por el susodicho quesete. La primera de todas, en la que estaréis pensando más de uno, es nuestro querido, valiente, luchador y noble Rocky. Vimos la escultura (sí, todos creéis bien, antes estaba en la parte alta de las escaleras mirando hacia la ciudad, pero ahora la han cambiado de sitio), subimos las mencionadas escaleras corriendo y con sudadera gris incluída, nos hicimos fotos, vídeo (que algún día montaremos y os mostraremos) y dimos saltitos una vez arriba mientras dábamos unos puños al aire. Vamos, lo más pueblerino que cabía esperar de ese momento y lugar. Menos mal que todo estaba lleno de Marciales Ruiz Escribano (Pa servirles) haciendo lo mismo.



Vimos también el Museo de Bellas Artes que, como ya puse en otra entrada, estaba de gañanes hasta la cencerreta haciendo cola para que les dieran su preciada audioguía. Y, tras ver este museo, fuimos a otro museo, el "Franklin Institute". Es así como un Cosmocaixa y fuimos porque pensábamos que ahí tenían el corazón gigante que sale en uno de los capítulos de House (donde sale una profe embarazada en un excursión con los alumnos y piensas que el chunguele le va a dar a ella pero al final le da a un chaval). El caso, que el corazón gigante no era el de House, menudo chasco. Sí, te podías meter dentro y tal y convertirte en un glóbulo rojo que hacía su rutinario recorrido, pero mira, yo sólo conseguí empezar a tener dudas de cómo es el corazón humano, y eso que creía que lo tenía claro...

Después de salir decepcionaicos nos fuimos a dar más vueltas por la city. Era sábado por la tarde-noche y sólo veíamos a gente muy cool sacados de alguna película de Woody Allen. Pero como nosotros no somos prósperos ciudadanos americanos que quedamos para cenar en el loft de unos amigos guionistas de cine y les llevamos de regalo una botella de vino europeo, pues nos fuimos a eso de las 7 y pico de la tarde al hotel y nos tragamos "Bebés contra perritos". Oye, que es un plan como otro cualquiera, eh?

El domingo, tras querer mimetizarnos con la ciudad nos compramos un colacao y nos lo llevamos en un vaso para tomar mientras caminábamos. Lo único que conseguimos, quemarnos la lengua. Tras ese fallido intento de convertirnos en autóctonos, decidimos volver a nuestro papel de turista y nos fuimos a ver todo el chiringo histórico que tienen para gente de nuestra ralea: la Campana de la Libertad y el Liberty Hall (qué guay, qué libre es esta gente). Vimos todo, hicimos las visitas guiadas correspondientes y le sacamos la foto de rigor a la campana rota. Josu aprendió mucho con todos los carteles que encontraba y hasta le tuve que sacar de un vídeo en chino que se suponía que explicaba la historia de cómo se independizó esta gente. (Nota de Josu: oye, que llevaba dos semanas chapando la historia del s. XVIII).



Y así, por hacer un poco recuento de los que vimos durante la tarde del domingo y la mañana del lunes pues... visitamos una bonita exposición de alumnos de Bellas Artes (con el mismo regusto que todas las exposiciones de alumnos de Bellas Artes), paseamos al lado del río que estaba lleno de gente haciendo footing con el último modelo de deportivas (excepto uno, que iba corriendo a pecho descubierto y en chanclas),intentamos subir a la torre del City Hall pero estaba cerrada porque habían tenido un terremoto, fuimos a ver la tumba de Benjamin Franklin, vimos la casa de Betsy Ross (la mujer que bordó la primera bandera americana) pero sólo por fuera porque nos querían cobrar unos cuantos dolarazos por entrar,...



...callejeamos por la zona más antigua de la ciudad (muy bonita, por cierto),...



...vimos dónde estaba situada la casa e incluso el váter de Franklin, nos comimos un bocata en un puesto callejero de comida rápida, hicimos unas fotos a la Pinza y al Love y vuelta para el aeropuerto.



En fin, que Philadelphia es una ciudad bastante chula en la que merece la pena pararse un par de días para visitarla.